miércoles, 4 de mayo de 2011

Reflejos


Se me acerco por la espalda, como para evitar que pudiera defenderme, la voz no era la mía, pero quería parecerse. La reconocí con horror.
Se acerco a mi oído y me dijo:
-¡Cata! ¿Por qué no dices nada?-
Un silencio muy largo fue mi contestación. Sus ojos no dejaban de mirarme, y yo por el contrario la esquivaba.
Resueltamente le conteste:
-Mi otro yo no quiere que te diga nada…-

No hay comentarios.: